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Chocolate belga en el Mercado de San Miguel

Quienes hayáis visitado Bélgica seguramente recordéis el aroma a chocolate que inunda su capital, Bruselas, y la mayoría de ciudades y pueblos que forman el país. Un olor dulzón y embaucador que envuelve las calles y supone una perdición para todos los amantes del cacao.

Los belgas han entendido, de forma magistral, que el chocolate debe de disfrutarse con todos los sentidos, no sólo con el del gusto. De ahí deriva el especial mimo con el que cuidan y muestran sus escaparates el sinfín de coquetas pastelerías que pueblan las calles o la fusión de tradición y creatividad con la que trabajan el cacao.

Bélgica es uno de los mayores productores de chocolate del mundo. Diversas fuentes datan la popularización del cacao en Europa en principios del s.XIX y a los españoles como responsables de su llegada al país belga. La razón principal por la que la producción del chocolate se extendió en Bélgica y no en otros países europeos (tales como España o Francia) está ligada a su vinculación con el Congo. Esta región africana, que fue colonia belga, era rica en esta materia prima gracias a sus grandes plantaciones de cacao. La industria del chocolate belga sigue manteniendo su hegemonía, convirtiéndose éste en uno de sus productos más exportados. La elaboración artesanal, junto con la calidad de su cacao son factores claves que explican su éxito.

En el Mercado de San Miguel estamos de enhorabuena porque para disfrutar de los deliciosos chocolates belgas ya no hay que coger un avión. Basta con acercarse al Mercado porque uno de nuestros carritos os espera con una tentadora selección de productos. Entre ellas destacan las brochetas de frutas bañadas en el mejor chocolate o una amplia oferta de trufas.

Si queréis transportar a vuestro paladar a la capital europea, en la Plaza de San Miguel os esperamos 🙂

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