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Paloma, la patrona popular de Madrid

lapaloma

Madrid ha celebrado estos días unas fiestas castizas hasta la médula, las de la Paloma. El puente se vestía de chulapo y las calles se llenaban de gente festejando y celebrando a la patrona popular de Madrid entre chotis, sangría, limoná y vermut. Desde la plaza de la Paloma hasta las Vistillas, pasando por la plaza de la Paja y, como no, por el Mercado de San Miguel, la capital se ha llenado de vida, historia y tradición.

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¿Conocías el origen de estas fiestas? Te lo contamos en este micro-relato:

 

El breve recuerdo de frescor mañanero se había esfumado tan rápido como el alba. Álvaro despertó acalorado, apartando las sábanas e incorporándose aturdido sobre la cama. No sabía ni qué día era, algo que solamente le ocurría en una época del año: verano. Echó un vistazo a la mesilla de noche con el único ojo que había logrado abrir hasta entonces y reparó en el calendario, 14 de agosto. En Madrid. En el centro, con sudor propio de un baño turco a las 10:30 de la mañana. El ventilador de aspas girando apáticamente como si reconociese que no era de gran ayuda. De repente, la voz de su madre.

-Álvaro, ¿ya estás despierto? Tienes que bajar a casa de la tía a por el traje. Y no te olvides de pedirle la parpusa a Borja, que a él ya no le va bien.

“Si es que es un cabezón”, pensó Álvaro. 14 de agosto. El traje y la parpusa. Como cada año desde que era pequeño, ese día iba con su madre a la Parroquia de la Virgen de la Paloma, en plenas fiestas, para dejar la ofrenda de flores a la virgen. Le encantaban las fiestas, pero odiaba el traje de chulapo en pleno agosto.

chotis

Horas más tarde bajaba por la Gran Vía de San Francisco y giraba en la calle Isabel Tintero, camino de la Iglesia de la Paloma. En el camino, chulapas y chulapos ataviados con safos, mañosas, babosas, alares y, como no, claveles en la solapa; bailando chotis, bebiendo y riendo. Lo cierto es que aquellas eran de las fiestas más divertidas de la ciudad. Al entrar en la Iglesia, su madre le indicó que se sentase en uno de los bancos mientras ella iba a realizar la ofrenda. El calor se le había metido en el cuerpo a través del chaleco de pata de gallo y comenzaba a sentirse aletargado.

             “Dos chicos corrían calle abajo, entre risas y juegos. Su tía les había mandado a recoger algo de leña al corral para hacer frente al frío nocturno que irrumpiría en aquella noche de invierno. Al llegar allí, un hombre sostenía un lienzo con la imagen de una virgen. Tras un último vistazo al mismo y, con una media sonrisa, les tendió la pintura a los críos y estos comenzaron a fantasear con la historia de la virgen mientras volvían a casa con la leña para la chimenea. Al verles entrar en casa, su tía Isabel Tintero se percató de que traían algo más que leña en las manos. Al ver la imagen de la virgen, ofreció unas monedas a sus sobrinos y decidió quedarse con el lienzo, restaurándolo y enmarcándolo para colocarlo en la entrada del hogar, en la calle de la Paloma. Con el tiempo, la gente del vecindario comenzó a adorar a la virgen, que denominaron de la Paloma (aunque en realidad la pintura representaba a la Virgen de la Soledad). Muchas madres acudían con sus recién nacidos en busca de protección divina, una devoción que tuvo como consecuencia la edificación de una capilla donde custodiar la imagen, que acabaría por convertirse en un emblema de la capital de España”.

 -Álvaro, Álvaro… hijo que te has quedado dormido en el banco de la iglesia, ya te vale. Anda, tira, vamos a la plaza que ya está tu tía por aquí.

Su madre le había sacado de un sueño de lo más raro, como si se hubiese transportado a otra época. Caminó junto a ella, saliendo de la iglesia para encontrarse con sus primos y su tía, que esperaban en la plaza. Mientras sus primos le servían limoná, se fijó en el letrero de la calle frente a ellos: “Calle de Isabel Tintero”. Sonrió, sintiéndose más chulapo que nunca.

baby chulapos

Si tú también sigues por Madrid disfrutando del verano y de las fiestas, pásate por el Mercado a brindar con nosotros con un vermut bien fresco. Después de todo, nosotros también somos chulapos: muy de Madrid y muy castizos.

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